jueves, 28 de febrero de 2013

Reto San Valentín: El Regalo de San Valentín

 Hola gente; 
¿Qué tal la semana? Espero que genial.

Bueno, hoy os traigo el relato que he escrito para el reto de San Valentín, del blog http://podemos-juntos.blogspot.com.es/ 
Entre la gripe, escribir el relato anterior y preparar la entrada de la concentración de coches clásicos, la verdad es que casi se me olvida subirlo, pero bueno, aquí está. 
Después de mucho trabajo, porque me ha costado bastante ya que el tema "san Valentín" no me inspira mucho, puedo decír que he superado el reto. Aunque el resultado, la verdad, no creo que sea muy bueno. Siendo sincera, no es que me guste mucho, pero bueno... es lo mejor que he podido conseguir. Así que bueno, ya me diréis vosotros qué opinais.

Espero que no haya quedado demasiado "bobalicón".

Saludos y hasta la próxima.
EL REGALO DE SAN VALENTÍN

Se sabía de memoria la nota que “Cupido” había dejado pegada a su puerta aquella tarde. Decía así:

“¿Quieres descubrir qué regalo tengo para ti? Ponte guapa y ve a casa de Alex a las 21:00 h. Nunca más volverás a usarme como diana.
Atentamente; Cupido.”

¿Cómo no iba a recordarla? La nota era una técnica de memoria inmejorable: un cupido regordete, de mofletes sonrosados y pañales de fieltro armado con su arco y sus flechas en forma de corazón, de cuya boca salía un “bocadillo” en el que estaba escrito el mensaje. Además, lo había estado repitiendo mentalmente, una y otra vez, toda la tarde. Y no porque estuviera “emocionada” con la cita, como sería lo normal.

Sólo hacía un año que Alex y ella se conocían, el mismo que hacía que Alyssa había empezado a trabajar en la revista culinaria en la que Alex trabajaba como crítico gastronómico, pero nunca habían congeniado. Había hecho buenas migas con los demás compañeros, pero con él, prácticamente ni trataba. Apenas habían cruzado un “buenos días” en alguna ocasión. Sólo cuando ella se había mudado, sin saberlo siquiera, al apartamento de enfrente de Alex, hacía unos seis meses, las cosas habían mejorado un poco.

De cuando en cuando, si el muchacho necesitaba hablar con alguien, desahogarse, llamaba a su puerta y ella, incapaz de ignorar el malestar de nadie, dejaba que entrara y le escuchaba hasta que no había más que decir por parte de ninguno. Después, todo volvía a la normalidad -como si no se conociesen de nada-. Por eso le extrañó aquella invitación.

Y quizá por eso decidió acudir a la cita, a pesar de que, en un principio, había decidido rechazarla, pues se temía que fuera a acabar mal. Ya se sabe, la curiosidad mató al gato.
Sin duda alguna, lo que no esperaba era lo que se encontró nada más salir de su casa. Algo que la dejó paralizada y descolocada al mismo tiempo.

En el descansillo, iluminado solamente por cuatro grandes velones que descansaban sobre cuatro taburetes, repartidos entre las puertas de ambos apartamentos, un camino de pétalos de rosas desde su casa hasta la de él se abría paso. No entendía que pasaba y sintió un ligero mareo provocado por un miedo irracional que se enganchó a su estómago en forma de nudo y para el cual no encontraba razón. Tentada estuvo de darse la vuelta y entrar en su casa, pero curiosamente su cuerpo no parecía tener intención de obedecer a su cerebro e hizo todo lo contrario: recorrió el camino de rosas.

La puerta del apartamento de Alex, estaba entreabierta, así que la empujó y entró. Debería haber llamado antes, pero cuando se dio cuenta de esto ya había entrado y cerrado.
–¿Hola? -preguntó nerviosa al ver la tenue luz de las velas que procedía del salón-. ¿Alex, estás ahí?
La única respuesta que obtuvo fue la música de su canción romántica favorita.
Extrañamente, y a pesar de que la situación estaba más que clara, Alyssa tenía la mente en blanco, no podía pensar, y por eso dio el siguiente paso a ciegas; abrió la puerta del salón y por primera vez se vio sorprendida y conmovida por el romanticismo de un hombre, al ver al suyo al lado de una mesa lista para una cena romántica, con un ramo de rosas rojas en las manos.
–¡Bienvenida! -dijo Alex como saludo, con la sonrisa más bonita que tenía, esa sonrisa que regalaba a todos menos a ella y señalándose asímismo-. ¿Aceptarás el regalo que cupido te ofrece?

Alyssa no supo si le dio la risa por los nervios, por lo absurdo de la situación o por la emoción que sintió hacerse paso a través de su corazón y que la hizo soltar alguna que otra lagrimilla rebelde. De cualquier forma, como su cerebro todavía andaba algo lento y le costaba procesar lo que estaba ocurriendo, simplemente se acercó a él y dejó que la besara aceptando el regalo de San Valentín.


2 Comments:

  1. EldanY dalmaden said...
    Hola María, desde Acompáñame te recojo el relato y espero que te hayas mejorado de la gripe.

    Un saludo y muchas gracias por tu aporte
    Maria Rodriguez said...
    Hola EldanY;
    Muy bien. Sí ya parece que la gripe se aburrió y se ha marchado. Ya estoy mucho mejor, gracias por preguntarlo :)

    Saludos a tí también.

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